El pueblo mapuche vive nuevamente y retoma con una innegable capacidad su legado histórico mancillado luego del nefasto proceso de “Pacificación” del siglo XIX.
Dos centurias después hay nuevas oportunidades. Desde el hotel Villarrica Parka Lake nos dirigimos junto a la gente de LatinSur, operadores oficiales del recinto, a recorrer un par de hitos que se han ido convirtiendo en referentes de la zona en el resurgimiento mapuche.
Kila Leufu, el Hogar de Doña Irma
Pablo Redel, guía de turismo oriundo de Pucón, nos dirige hacia el sector de Curarrehue, distante a pocos kilómetros al este de la primera ciudad. Durante el trayecto explica parte de la historia de este lugar: su antiguo estado mapuche que finalizó con la internación del ejército en 1881, la posterior colonización alemana de principios del siglo XX y el auge del turismo que nació desde 1923 con el primer hotel.
Tuvo que pasar más de 100 años para que las raíces resurgieran luego del sometimiento al régimen de "reducciones" que fueron concentradas río arriba en Quelhue, Palguín Bajo y Curarrehue.
Así da cuenta el emprendimiento Kila Leufu (“Tres Ríos”), de doña Irma Epulef, que nos acoge en medio de una gran ruka, casa mapuche típica, que hace las veces de testimonio arquitectónico del enorme legado ancestral que esta mujer representa.
Ataviada con sus vestimentas originales, doña Irma hace gala de una prolongada exposición respecto a su historia, tradiciones y costumbres. Kila Leufu es una de los primeros hostales que se instaló en la zona y que conjuga etno y agro turismo.
“Enseñamos nuestro acervo cultural, nuestra relación con Ñuke Mapu (Madre Tierra)”, indica la mujer. Los turistas que alojan en la casa de huéspedes son interiorizados acerca de la forma de vida campesina, aprenden desde ordeñar vacas a cosechar papas. Así también participan de la confección de los alimentos, de las manifestaciones musicales y de algún juego de palín ceremonial.
“Los chilenos no valoran lo propio”, señala doña Irma al ser consultada por quienes la visitan desde hace siete años. Extranjeros en su mayoría, que han dejado plagado de buenos deseos y felicitaciones el libro de visitantes.
Sopaipillas, tecito y el fogón de la ruka que se enciende y calienta tal como hace generaciones se forjaba la familia y la comunidad. Para quienes asisten a este emprendimiento de turismo rural hay caminatas y cabalgatas que pueden ser de un día o más. A la vuelta habrá la hospitalidad e historias que despliega con maestría la señora Epulef.
Museo Mapuche Pucón
Con LatinSur volvemos al poblado de Pucón para asistir a una de las muestras museográficas privadas más importantes de la región.
Una familia de colonos alemanes, los Tonck, afincados en la ribera del Villarrica desde principios del siglo XX, son los generadores de la recopilación más grande de utensilios domésticos, sagrados, de caza o esculturales del pueblo originario mapuche.
El patrimonio fue acrecentado por la familia Ulloa Metzger y, entre todos, consideraron hacerlo público con la “finalidad de consolidar y proyectar una imagen región con identidad propia”, como reza el hermoso tríptico que entregan una vez cancelada la entrada.
Un subterráneo al lado de un pequeño hotel en la calle Caupolicán, da la bienvenida a una sala atiborrada de tesoros. Insignias de mando, esculturas, máscaras rituales, instrumentos musicales, pipas, herramientas para cortar, pulir, sobar, moler, perforar, son parte de una cosmovisión profunda que se desplegó en sus utensilios.
Emociona el nivel de orfebrería al que llegaron creando verdaderas joyas como prendedores o collares antropomórficos, con innegable cuidado, esmero y trascendencia.
El desconocimiento del mundo mapuche por parte de los chilenos llega a ser vergonzoso. Los últimos censos indican que más de un millón de personas se identifican con este pueblo originario y sin embargo la potente muestra que tiene este museo no es conocida ni estudiada.
“Herederos del legado Mapuche cómo Chilenos y sin desconocer la enorme importancia de ser una cultura viva, esperamos aportar con nuestros estudios, a un mayor conocimiento que ayude a encontrar caminos de superación y entendimiento”, recalcan sus dueños.
Kultrun, trapelakuchas, karalkavus, llancas o toquicuras, se encuentran en un apreciable número dispuestos al ojo del viajero que sepa atesorar los recuerdos de esta tierra aún indómita y natural.
El mundo mapuche ha despertado en tradiciones, lenguaje y manifestaciones de su riqueza. Pucón comienza a mirar su pasado, el que mezcla colonos con nativos, volcanes con lagos, herencias culturales y el trabajo campesino diario. Un logro para una zona que podría vivir simplemente de su turismo “tradicional” y que, sin embargo, comienza una de las más ricas exploraciones: la raíz.
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